Madre Teresa de Calcuta, santa: “Mientras el trabajo sea más repugnante, mayor ha de ser nuestra fe“


Pocas figuras del siglo XX alcanzaron un reconocimiento tan amplio como la Madre Teresa de Calcuta. Admirada por millones de personas alrededor del mundo, su nombre quedó asociado a la ayuda humanitaria, la compasión y el trabajo cotidiano junto a quienes vivían en situaciones extremas de pobreza.
Nacida en 1910 bajo el nombre de Anjezë Gonxhe Bojaxhiu, la futura religiosa sintió desde muy joven una profunda vocación espiritual. A los 18 años abandonó su hogar para incorporarse a una congregación religiosa y poco después se traslado a la India.
Durante sus primeros años en Calcuta trabajó como docente, pero una experiencia espiritual ocurrida en la década de 1940 la llevó a replantear su misión. Convencida de que debía dedicar su vida a quienes sufrían abandono y exclusión, decidió dejar el convento y comenzar una labor directa en las calles.
Esa decisión marcaría el nacimiento de una obra que terminaría expandiéndose a numerosos países. A través de las Misioneras de la Caridad, congregación fundada por ella en 1950, impulsó proyectos destinados a atender enfermos, huérfanos, personas sin hogar y pacientes que muchas veces no recibían asistencia de ningún otro lugar.
Entre las numerosas reflexiones atribuidas a la Madre Teresa existe una que resume buena parte de su forma de entender la vida: “Mientras el trabajo sea más repugnante, mayor ha de ser nuestra fe y más alegre nuestra devoción”.
La frase puede resultar provocadora en una primera lectura. Sin embargo, para la religiosa tenía un significado muy concreto. Su mensaje apuntaba a la disposición para afrontar aquellas tareas que la mayoría de las personas prefería evitar por resultar incómodas, desagradables o emocionalmente difíciles.
Durante décadas trabajó en hospicios, centros de atención para enfermos terminales y barrios atravesados por profundas carencias. Allí convivió diariamente con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, experiencias que para muchos representaban situaciones imposibles de enfrentar.
Lejos de considerarlas labores degradantes, entendía que justamente en esos escenarios se ponía a prueba el verdadero sentido del servicio. Según su visión, ayudar cuando resulta sencillo tiene valor, pero hacerlo cuando las circunstancias son difíciles exige una entrega mucho mayor.
Por esa razón insistía en la importancia de mantener la alegría incluso en las tareas más exigentes. Para ella, la actitud con la que se realizaba el trabajo era tan importante como la acción misma.
Aunque la frase nació en un contexto profundamente espiritual, su interpretación suele extenderse mucho más allá de la religión. En distintos ámbitos de la vida existen responsabilidades poco visibles que suelen quedar lejos del reconocimiento público.
Las tareas más complejas, rutinarias o ingratas suelen recaer sobre personas cuyo esfuerzo pasa desapercibido. Sin embargo, muchas veces son precisamente esas actividades las que permiten que una comunidad, una institución o un proyecto funcionen correctamente.
La enseñanza de la Madre Teresa invita a reflexionar sobre el valor del compromiso cuando desaparecen los aplausos y las recompensas inmediatas. Su mensaje propone que la verdadera vocación no se mide en los momentos cómodos, sino en la disposición para asumir aquello que otros rechazan.
Fuente: www.clarin.com



